Ahora es el momento, ahora. Siempre lo ha sido, instante tras instante, siempre. Es la hora de los poetas, de soñar despierto, de abrir nuevos caminos, de ponerle nombre a las cosas, de ser valiente y levantar la cabeza. Éste es el momento para tantas cosas… Y una verdad quiero que sepas: este mensaje también va para tí, si te llamo es por algo. Si puedo nombrarte, si sé que estás ahí sin verte, si aunque estés lejos yo puedo sentirte cerca de mí. Eso ya es algo maravilloso, digno de celebrar. ¡Cuantas veces ignoramos estos detalles! Este mensaje va para todos vosotros o casi, me encantaría nombraros uno a uno. Sois importantes como individuos, y mucho más como grupo. Sé que much@s os sentiréis identificad@s, mi intención es no dejarme a nadie (o casi). Quiero dedicar este momento a los eternos soñadores, a los que esperan una nueva mañana, a los que sólo creen en los amores a primera vista, a los que ansían atar una bandada de aves a sus muñecas para salir volando en busca de nuevos horizontes, a los que combaten eternamente en batallas solidarias y jamás se rinden, a los que esperan seguir aprendiendo hasta el final de sus días, a los que se les conquista con las pequeñas cosas, a los que saben abrazar y ser abrazados, a los millonarios en sonrisas, a los incautos, a los que han vivido amores imposibles, a los artistas que temerosos crean sus obras con la esperanza de sentirse un poquito menos solos, a los que dan el salto y se lanzan de cabeza, a los que hacen mil y una locuras por amor, a los que disfrutan de las mismas canciones día tras día, a los que no llegan a hacerse nunca definitivamente mayores, a los que, al lado de tu casa o en recónditos lugares, trabajan todos los días ayudando a los demás y ayudándonos a nosotros mismos a reconciliarnos con el mundo, a los que no se callan cuando tienen algo importante que decir, a los que sin saber como ni porque se acuerdan de alguien que hace mucho que no ven y casualmente se lo encuentran, a los que siguen buscando el azul, a los que cumplen objetivos sin hacer promesas previas, a los que cultivan flores y amigos, a los que se salen de la línea recta, a los que se quedan embelesados ante unos profundos ojos fijos, a los vulnerables, a los que sin saberlo se les eriza la piel cuando se les acerca una persona especial, a los que ignoran el odio, a los que echan de menos a tanta gente cuando ven una puesta de sol, a los que piensan en muchos idiomas y no entienden de fronteras, a los valientes que finalmente no te dejan pasar bajo su ventana sin decirte algo, a los que ganan siempre que participan, a los que comparten sin pedir nada a cambio, a los que no se lamentan de sus errores ni culpan jamás al destino. En definitiva, este mensaje va para casi todos. Para todos excepto para los conformistas, para los que se rinden, para los que un día dejan de buscar, dejan de soñar despiertos. De alguna u otra forma piensan que no pueden aprender más, piensan que la vida es otra cosa, piensan que el amor incondicional y la pasión son solo propios de la adolescencia. Se niegan a dar más pasos y giran a su alrededor sin ir a ningún sitio. Parece que siempre saben lo que necesitan. Cuentan más el dinero que poseen que los amigos. Olvidan fácilmente el pasado y las verdades que residen en los ojos de la gente. Giran la cabeza y acortan la vista. Desconocen el poder de un abrazo y de esas mágicas pequeñas cosas. Esos hombres grises que aborrecen los cuentos y nunca parecen tener tiempo suficiente. Protestan sin tener queja. Evitan cometer errores y culpan a todos y a todo. Se sienten victoriosos pues no arriesgan, saben que ciertas derrotas como el amor parecen ineludibles, y a diferencia de otros dejan de intentarlo. En definitiva dejan de creer en lo imposible. A todos vosotros, excepto a éstos últimos, os voy a hablar de una manera cercana, familiar, en primera persona: Me gustas, es agradable tenerte como amigo, quiero que sepas que contigo yo soy más humano y el mundo es menos terrible. Confío en ti ciegamente, si ríes déjame que te acompañe, si lloras lloraré contigo. No puedes hacer nada para que deje de tener fe en ti. Eres pequeño y enorme, frágil e indestructible. Quiero aplaudir tus defectos, mirar contigo a la verdad cara a cara. Quiero enseñarte cuánto se pueden amar unos grandes ojos sinceros. Quiero luchar contigo codo con codo contra la indiferencia, contra la intolerancia, contra la soledad. Quiero que cuentes conmigo. No niego, amigo mío, que a veces tengo miedo, a veces la soledad aparece, a veces mis derrotas parecen definitivas y mis sueños imposibles. A veces giro la cabeza, y me veo mirando hacia otro lado. No quiero ver que he de dar el salto, ¡se está tan cómodo en mi pequeño planeta! Sé que puedo dar tanto, que hay tantas opciones, que cada instante es una ocasión única, que me da vértigo. Pero estoy dispuesto a saltar adelante, a hacer cuánto esté en mi mano para hacer de este mundo que comparto contigo un lugar un poquito mejor, y sembrar contigo la semilla del fruto dulce que vendrá. Por ello, quiero que sepas la cosa más importante que te he dicho jamás: Dentro de mí estás tú, no podemos separarnos ni podemos andar diferentes caminos. No podemos detener el mundo, afortunadamente podemos cambiarlo, y para ello… ¡Cuento contigo!
Despacio, impaciente, como siempre reviso alguna página leo algún texto o descubro un poema silencio y murmullo en mi cabeza batalla de ideas melancolía, añoranza dudas y esperanzas danzan poco a poco se entrelazan enamoradas se miran a los ojos se cuentan verdades de esas que tu y yo pensamos pero jamás nos contamos se pierden, marchitan y florecen golpean mi pecho como el agua a la fuente como la primavera vuelven y son siempre iguales pero nunca las mismas. Cierro los ojos soy un niño con una red quiero atraparlas hacerlas mías y tambien del resto se escapan son livianas eternas especiales No consigo atraparlas me gustan así sin adornos tal y como tú me gustas jamás imaginé amar tu sonrisa como ama la palabra el poeta Entras en mi alma como la música vibrando en el aire reflejada por la luz de titilantes estrellas Sin hacer ruido habitas rincones secretos y mueves el mundo agitas tus alas siempre ascendiendo soy testigo de tu eterno viaje Tus ojos guardan enigmas y certezas a partes iguales todo es sencillo cuando te miro a veces con disimulo otras con descaro como un niño el futuro o un anciano el pasado no existe el odio me dicen tus ojos no tengas miedo me dicen tus labios Soy alegre explorador de una tierra virgen y sin embargo siento que siempre estuviste a mi lado. No quiero terminar este curioso experimento ni abrir los ojos para volver a cerrarlos ni que cese la música ni que callen los pájaros no he escrito la palabra amor en el cielo azul estrellado No hablé de compromiso ni de querer abrazaros ni de mundos mejores ni de tiempos pasados Hoy no hablé de las rosas ni de viajes soñados bufones y princesas tampoco fueron nombrados Hoy sólo cerré los ojos y dejé que mi pecho guiara firme mi mano cada letra un látido cada espacio un descanso de un corazón valiente de un corazón calmado de un corazón inquieto de un corazón temerario de un corazón coraza corazón ilusionado ……… Este experimento no hubiera sido posible sin vosotros, los que me leeis y los que no, los que de alguna forma os sentís identificados y los que no entienden bien de que va todo esto. Sin embargo, me gustaría dedicarte esta poesía-experimento especialmente a ti “Pero sucede también que sin saber cómo ni cuando algo me eriza la piel y me rescata del naufragio”
En ese corto espacio de tiempo entre látido y látido, entre el despertar de esa emoción caprichosa y el nuevo día que llega alegre a saludarnos andas tú metida como mi alma breve eterna humilde infinita como una lagrima que se desliza por las mejillas de todas las personas que mirándose a los ojos sienten por un breve instante intuyen lo que es vivir que durante ese corto espacio de tiempo entre látido y látido son sólo amor.
(Fuente: robzuniga)
(Fuente: descomunal)
Se trataba de un muchacho corriente: en los pantalones se le formaban rodilleras, leía historietas, hacía ruido cuando comía, se metía los dedos a la naríz, roncaba en la siesta, se llamaba Armando. Corriente en todo menos en una cosa: tenía Otro Yo. El Otro Yo usaba cierta poesía en la mirada, se enamoraba de las actrices, mentía cautelosamente, se emocionaba en los atardeceres. Al muchacho le preocupaba mucho su Otro Yo y le hacía sentirse imcómodo frente a sus amigos. Por otra parte el Otro Yo era melancólico, y debido a ello, Armando no podía ser tan vulgar como era su deseo. Una tarde Armando llegó cansado del trabajo, se quitó los zapatos, movió lentamente los dedos de los pies y encendió la radio. En la radio estaba Mozart, pero el muchacho se durmió. Cuando despertó el Otro Yo lloraba con desconsuelo. En el primer momento, el muchacho no supo que hacer, pero después se rehízo e insultó concienzudamente al Otro Yo. Este no dijo nada, pero a la mañana siguiente se había suicidado. Al principio la muerte del Otro Yo fue un rudo golpe para el pobre Armando, pero enseguida pensó que ahora sí podría ser enteramente vulgar. Ese pensamiento lo reconfortó. Sin embargo, cuando pasaron junto a él, ellos no notaron su presencia. Para peor de males, el muchacho alcanzó a escuchar que comentaban: «Pobre Armando. Y pensar que parecía tan fuerte y saludable». El muchacho no tuvo más remedio que dejar de reír y, al mismo tiempo, sintió a la altura del esternón un ahogo que se parecía bastante a la nostalgia. Pero no pudo sentir auténtica melancolía, porque toda la melancolía se la había llevado el Otro Yo. Mario Benedetti
Muere lentamente quien no viaja,
quien no lee, quien no escucha música,
quien no halla encanto en si mismo.
Muere lentamente quien destruye su amor propio,
quien no se deja ayudar.
Muere lentamente quien se transforma en esclavo del habito, repitiendo todos los días los mismos senderos,
quien no cambia de rutina,
no se arriesga a vestir un nuevo color
o no conversa con desconocidos.
Muere lentamente quien evita una pasión
Y su remolino de emociones,
Aquellas que rescatan el brillo en los ojos
y los corazones decaidos.
Muere lentamente quien no cambia de vida cuando está insatisfecho con su trabajo o su amor,
Quien no arriesga lo seguro por lo incierto
para ir detrás de un sueño,
quien no se permite al menos una vez en la vida huir de los consejos sensatos…
(Fuente: dirtand-roses)
Lo reconozco, a veces me ocurre que me canso de ser hombre. En algunas ocasiones, en rincones olvidadados, en mis oscuras soledades, en las tardes abigarradas, frías como sombras y duras como el tiempo, en esas situaciones me canso, me agoto, desfallezco por un instante, mi confianza se derrumba como la historia.
Solo dura un breve espacio de tiempo, apenas el caprichoso titilar de una estrella, intervalo suficiente para que un par de miradas y sus dueños se encuentren y descubran lo infinito. Es en esos momentos, en esos lugares, de esa triste forma, de abajo hacia arriba, es cuando y como me acerco más a mi, como olvido y aparto, y grito por dentro y lloro hacia afuera. Es así como intuyo la belleza, de tal manera me reconcilio con el mundo y trazo mis planes. A veces contigo, a veces sin ti…
Por fortuna me vienen esos momentos en que me canso de ser hombre, y me canso de mis pies y mis uñas, y mi pelo y mi sombra, sin ellos no sería quién soy, sin ellos quizá no te seguiría amando, y por supuesto sin ellos no tendría la oportunidad de poner los pies en la tierra generosa y recoger de ella el valor necesario para ponerme manos a la obra, asumir riesgos, asumir los retos, perseguir los sueños, emprender el vuelo, quizá la vida consista en eso…

Walking around
Sucede que me canso de ser hombre.
Sucede que entro en las sastrerías y en los cines
marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro
navegando en un agua de origen y ceniza.
El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos.
Sólo quiero un descanso de piedras o de lana,
sólo quiero no ver establecimientos ni jardines,
ni mercaderías, ni anteojos, ni ascensores.
Sucede que me canso de mis pies y mis uñas
y mi pelo y mi sombra.
Sucede que me canso de ser hombre.
Sin embargo sería delicioso
asustar a un notario con un lirio cortado
o dar muerte a una monja con un golpe de oreja.
Sería bello
ir por las calles con un cuchillo verde
y dando gritos hasta morir de frío.
No quiero seguir siendo raíz en las tinieblas,
vacilante, extendido, tiritando de sueño,
hacia abajo, en las tripas moradas de la tierra,
absorbiendo y pensando, comiendo cada día.
No quiero para mí tantas desgracias.
no quiero continuar de raíz y de tumba,
de subterráneo solo, de bodega con muertos,
aterido, muriéndome de pena.
Por eso el día lunes arde como el petróleo
cuando me ve llegar con mi cara de cárcel,
y aúlla en su transcurso como una rueda herida,
y da pasos de sangre caliente hacia la noche.
Y me empuja a ciertos rincones, a ciertas casas húmedas,
a hospitales donde los huesos salen por la ventana,
a ciertas zapaterías con olor a vinagre,
a calles espantosas como grietas.
Hay pájaros de color de azufre y horribles intestinos
colgando de las puertas de las casas que odio,
hay dentaduras olvidadas en una cafetera,
hay espejos
que debieran haber llorado de vergüenza y espanto,
hay paraguas en todas partes, y venenos, y ombligos.
Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos,
con furia, con olvido,
paso, cruzo oficinas y tiendas de ortopedia,
y patios donde hay ropas colgadas de un alambre:
calzoncillos, toallas y camisas que lloran
lentas lágrimas sucias.
Pablo Neruda
Milenio va, milenio viene, la ocasión es propicia para que los oradores de inflamada verba peroren sobre el destino de la humanidad, y para que los voceros de la ira de Dios anuncien el fin del mundo y la reventazón general, mientras el tiempo continúa, calladito la boca, su caminata a lo largo de la eternidad y del misterio.
La verdad sea dicha, no hay quien resista: en una fecha así, por arbitraria que sea, cualquiera siente la tentación de preguntarse cómo será el tiempo que será. Y vaya uno a saber cómo será. Tenemos una única certeza: en el siglo veintiuno, si todavía estamos aquí, todos nosotros seremos gente del siglo pasado y, peor todavía, seremos gente del pasado milenio.
Aunque no podemos adivinar el tiempo que será, sí que tenemos, al menos, el derecho de imaginar el que queremos que sea. En 1948 y en 1976, las Naciones Unidas proclamaron extensas listas de derechos humanos; pero la inmensa mayoría de la humanidad no tiene más que el derecho de ver, oír y callar. ¿Qué tal si empezamos a ejercer el jamás proclamado derecho de soñar? ¿Qué tal si deliramos, por un ratito? Vamos a clavar los ojos más allá de la infamia, para adivinar otro mundo posible:
el aire estará limpio de todo veneno que no venga de los miedos humanos y de las humanas pasiones;
en las calles, los automóviles serán aplastados por los perros;
la gente no será manejada por el automóvil, ni será programada por la computadora, ni será comprada por el supermercado, ni será mirada por el televisor;
el televisor dejará de ser el miembro más importante de la familia, y será tratado como la plancha o el lavarropas;
la gente trabajará para vivir, en lugar de vivir para trabajar;
se incorporará a los códigos penales el delito de estupidez, que cometen quienes viven por tener o por ganar, en vez de vivir por vivir nomás, como canta el pájaro sin saber que canta y como juega el niño sin saber que juega;
en ningún país irán presos los muchachos que se nieguen a cumplir el servicio militar, sino los que quieran cumplirlo;
los economistas no llamarán nivel de vida al nivel de consumo, ni llamarán calidad de vida a la cantidad de cosas;
los cocineros no creerán que a las langostas les encanta que las hiervan vivas;
los historiadores no creerán que a los países les encanta ser invadidos;
los políticos no creerán que a los pobres les encanta comer promesas;
la solemnidad se dejará de creer que es una virtud, y nadie tomará en serio a nadie que no sea capaz de tomarse el pelo;
la muerte y el dinero perderán sus mágicos poderes, y ni por defunción ni por fortuna se convertirá el canalla en virtuoso caballero;
nadie será considerado héroe ni tonto por hacer lo que cree justo en lugar de hacer lo que más le conviene;
el mundo ya no estará en guerra contra los pobres, sino contra la pobreza, y la industria militar no tendrá más remedio que declararse en quiebra;
la comida no será una mercancía, ni la comunicación un negocio, porque la comida y la comunicación son derechos humanos;
nadie morirá de hambre, porque nadie morirá de indigestión;
los niños de la calle no serán tratados como si fueran basura, porque no habrá niños de la calle;
los niños ricos no serán tratados como si fueran dinero, porque no habrá niños ricos;
la educación no será el privilegio de quienes puedan pagarla;
la policía no será la maldición de quienes no puedan comprarla;
la justicia y la libertad, hermanas siamesas condenadas a vivir separadas, volverán a juntarse, bien pegaditas, espalda contra espalda;
una mujer, negra, será presidenta de Brasil y otra mujer, negra, será presidenta de los Estados Unidos de América; una mujer india gobernará Guatemala y otra, Perú;
en Argentina, las locas de Plaza de Mayo serán un ejemplo de salud mental, porque ellas se negaron a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria;
la Santa Madre Iglesia corregirá las erratas de las tablas de Moisés, y el sexto mandamiento ordenará festejar el cuerpo;
la Iglesia también dictará otro mandamiento, que se le había olvidado a Dios: «Amarás a la naturaleza, de la que formas parte»;
serán reforestados los desiertos del mundo y los desiertos del alma;
los desesperados serán esperados y los perdidos serán encontrados, porque ellos son los que se desesperaron de tanto esperar y los que se perdieron de tanto buscar;
seremos compatriotas y contemporáneos de todos los que tengan voluntad de justicia y voluntad de belleza, hayan nacido donde hayan nacido y hayan vivido cuando hayan vivido, sin que importen ni un poquito las fronteras del mapa o del tiempo;
la perfección seguirá siendo el aburrido privilegio de los dioses; pero en este mundo chambón y jodido, cada noche será vivida como si fuera la última y cada día como si fuera el primero.
Eduardo Galeano
Exijo mi derecho al delirio, mi valor para emprender esa urgente huida, llevando conmigo mi pequeña maleta cargada de sueños, buscándome, y buscándote, exijo que nos concedan una tregua y nos permitan seguir soñando despiertos, y abrir la puerta azul y salir a la calle, y saltar sobre las baldosas blancas, y beber agua de la fuente muda y jugar como un niño, y gritar hasta que la tarde muera y el tiempo acabe, en definitiva, exijo mi derecho a vivir como yo entiendo que significa vivir: sabiendo que otro mundo mejor es posible, y ese otro mundo llegará, quizás más pronto que tarde, y que tú, y tú, y tú también, todos pondremos nuestro pequeño granito para que así sea.
Todos los átomos de tu cuerpo provienen de una estrella que explotó. Y, átomos que hay en tu mano izquierda probablemente vengan de una estrella distinta que los que hay en tu mano derecha. Realmente es lo más poético que sé sobre física: Eres polvo de estrellas. No podrías estar aquí si las estrellas no hubieran estallado, porque los elementos - carbono, nitrógeno, oxígeno, hierro y todos los que importan para la evolución y la vida - no fueron creados al comienzo de los tiempos. Fueron creados en fusiones nucleares en las estrellas, y la única razón por la que están en tu cuerpo es porque aquellas estrellas fueron lo suficientemente amables como para explotar.
Así que olvídate de Jesucristo, las estrellas fueron quienes murieron para que tú pudieras estar aquí hoy.
— Lawrence M. Krauss